Antes de nada, una aclaración de vocabulario: abogado mercantilista, abogado mercantil y abogado de empresa son lo mismo, y una asesoría mercantil no siempre lo es. La diferencia real es de función y de responsabilidad: el asesor mercantil suele ocuparse de la gestión ordinaria de la empresa —cuentas, obligaciones formales, trámites registrales y mercantiles—, mientras que el abogado mercantilista está colegiado, asume la dirección jurídica del asunto y puede defender a la empresa ante los tribunales. Conviene saber además que asesor mercantil no es una profesión colegiada: bajo ese nombre encontrarás desde una gestoría hasta una consultora, con formaciones muy distintas. La dirección y defensa de las partes en un procedimiento judicial, en cambio, corresponde a abogados colegiados, sujetos a secreto profesional y a un régimen deontológico propio.
No son alternativas excluyentes. Lo habitual y lo que mejor funciona es que la asesoría lleve el día a día y el despacho entre cuando hay contrato que firmar, socio con el que discutir, operación que cerrar o reclamación que plantear. Si ya tienes asesoría, trabajamos con ella; no hace falta cambiar nada.